viernes, 9 de septiembre de 2011

Introducción libro MENTORES Y NOVELES: Historias del Trayecto

Quiero iniciar este recuento de lo que ha sido el trabajo realizado en el tema de la mentoría recordando algo que decía una gran maestra y amiga, Mabel Condemarín, “lo que no se escribe, se pierde”; por esta razón hemos decidido escribir sobre lo que nos ha pasado en estos años de trabajo. Creemos en lo que Mabel decía y queremos que esto no se pierda, por eso el relato de esta historia aporta a la comprensión de los procesos y a la construcción de lo que viene.
Soy profesora. Esta es la profesión que elegí y la que, sin estar trabajando en las aulas para las cuales mi título me habilita, ejerzo desde hace mucho tiempo.
Pero, como todos los docentes, no empecé a ser profesora cuando recibí mi título, y tampoco ese solo hecho fue el que selló mi condición de docente para siempre.

Empecé a ser profesora cuando llegué por primera vez a una escuela y me ví solo en la sala de clases, frente a un grupo de niños que no había visto antes. Sabía de ellos únicamente por los antecedentes que aparecían en papeles que había leído y releído muchas veces. El conocimiento de ellos, sus cosas, solo lo podía deducir, por el lugar donde estaba la escuela y su entorno. Tenía toda una tarde por delante, no sabía lo breve o eterna que podía ser, pero sí tenía una muy buena planificación que desarrollar y muchas actividades para ser realizadas por los niños.
Y muchas preguntas: ¿cómo lo voy a hacer?, ¿me alcanzarán las planificaciones?, ¿y si no me resulta?, ¿serviré de verdad para esto?
Eso es lo que sucede cuando se empieza a vivir la profesión, cuando se empieza a “ser” profesor o profesora.
Y, como siempre he dicho –las investigaciones así lo describen– en esos momentos las posibilidades son dos.
La literatura especializada lo describe como “nadar o hundirse”; las investigaciones sobre el tema dicen que en ese período los profesores deciden seguir ejerciendo o desertan; la experiencia me ha demostrado que en nuestro país lo más común es que esas dos posibilidades son, seguir ejerciendo con un estilo personal, la decisión de crecer profesionalmente, innovar, crear o, la otra es ejercer adoptando las formas y necesidades de otros para no tener, ni generar, dificultades.
Algunos, como yo, tuvimos la posibilidad de pasar esta etapa de inicio profesional con el acompañamiento espontáneo de algún colega.
En mi caso fue una colega, que además era la inspectora general de la escuela.
Ese colega solidario en general se compadece del novato y, seguramente viendo la expresiones de angustia y preocupación, se hace un tiempo entre sus múltiples tareas y apoya con algunas indicaciones. Entrega algunos secretos acerca de las maneras de resolver situaciones complejas, da pistas acerca de las formas en que se puede establecer la relación con los colegas, con los padres o con las autoridades.
Si se da esa situación, las posibilidades de salvar con éxito este proceso son mayores. Hay con quien conversar, a quien recurrir y a quien observar, para aprender a moverse en este nuevo espacio.
Otros, sin esa posibilidad de contar con alguien, deben observar en silencio, sacar conclusiones a partir de lo que es posible mirar, ensayar y errar, pensar, repensar y esperar a que el tiempo pase, para ver si todo funciona.
Eso me ocurrió hace más de veinte años, cuando empecé a trabajar como profesora en una escuela básica de la comuna de La Cisterna.
Pero sigue sucediéndole, de la misma manera, a los profesores cuando ingresan a su primer trabajo en las escuelas, en los liceos e incluso en las universidades, cuando los profesores se integran a la docencia por primera vez.
Seguimos sin haber comprendido, que el acompañamiento de los profesores en sus inicios no es algo que sirve para reparar una mala formación. Aún cuando la formación inicial sea muy buena, el comienzo en la vida profesional siempre tiene las mismas dificultades, la transición entre ser alumno y profesional es un proceso complejo.
Aprender a enseñar es algo que no se aprende hasta que se vive “de verdad”.
Lo más complejo, y en eso coinciden todos los profesores noveles, es aprender a usar toda la teoría, en forma práctica, para que los alumnos aprendan, haciéndose cargo de la diversidad, además ser capaces de atender a la multiplicidad de necesidades que se presentan simultáneamente en el aula. También aprender a tomar decisiones con rapidez, priorizar y ser flexible.
El concepto de acompañamiento a través de profesores especializados, con las especificidades que cada una de las universidades ha puesto en la formación de sus mentores, se basa en algunos principios fundamentales. Lo más importante para los profesores noveles es desarrollar la capacidad para tomar conciencia de su práctica, algo que marca el futuro ejercicio profesional. Tomar conciencia significa aprender a usar herramientas para analizar los resultados que tienen sus intervenciones didácticas, reconocer sus fortalezas y debilidades como profesionales y de esta manera decidir qué y cómo mejorar; aprender a reconocer
los elementos esenciales del contexto que deben considerar para trabajar de mejor manera con sus alumnos; y también a posicionarse como profesional en una comunidad de pares con distintas experiencias, formaciones y conocimientos.
Las universidades que han desarrollado modelos de formación de mentores en base a los parámetros generales que ha entregado el Ministerio de Educación a través del CPEIP, han puesto énfasis diferentes, pero éstos coinciden en que la tarea de los mentores es apoyar procesos de auto-observación y reflexión, a través de distintos métodos de trabajo, bitácoras, portafolios, observaciones, ejercicios, estudios, lecturas, etc.
Lo importante, es que todos trabajan sobre dos principios básicos. Primero: la relación mentor-novel es una relación entre dos profesionales, uno experimentado y otro que se inicia, en una relación de iguales. Segundo: este es un proceso en que el novel construye su propia identidad profesional, sin ser “modelado” por otro.
Estos dos principios se relacionan fuertemente con un proceso de cambio que vive la profesión docente en la actualidad.
La profesión docente se caracteriza por una práctica muy arraigada, como es la soledad del ejercicio.
Pero como profesional entiende la importancia de su rol y de la necesidad de potenciarse y fortalecerse como tal, comprende que debe actuar colaborativamente. Esto implica que deben promover en forma permanente los espacios para desarrollar procesos de reflexión, de análisis y de construcción de conocimiento.
La intervención de los mentores, entre muchas otras acciones necesarias, contribuye a este cambio, haciendo que los profesores nuevos, desde los primeros pasos como profesores, hagan suya una forma de relacionarse con los otros docentes. Una forma en la que cada cual se reconoce como individualidad pero en la que entiende que en la comunidad de profesionales no debe haber temor a compartir lo que cada uno hace, a expresar y resolver sus dudas y, entre todos, buscar apoyo y ayuda. Todo esto, en la trayectoria profesional, significa ser más libre, más generoso y más seguro.
No ha sido fácil instalar el concepto de la mentoría en Chile.
Hace seis años, desde que se constituyó la Comisión para la Formulación de una Política de Inducción en el Ministerio de Educación, se ha trabajado de manera sistemática en el tema, en diferentes ámbitos de la educación.
En lo personal, he tenido la gran oportunidad de participar en este largo proceso de indagación y de aprendizaje, en el cual hemos sido, y seguimos siendo, noveles.
Primero desde el CPEIP, cuando se llevó a cabo el pilotaje para la diseño del programa de
Formación; luego, cuando coordinaba el Programa Red Maestros de Maestros, participé en las primeras formaciones de mentores y en los últimos años he seguido en esta línea de acción en la OEI, particularmente en el Instituto de Desarrollo e Innovación Educativa donde la mentoría ha sido el eje del proyecto.
Hemos recibido apoyo de expertos extranjeros, ellos han sido nuestros mentores. Nos han ayudado a reflexionar acerca de lo que hacemos, aportándonos desde su propia experiencia y conocimiento y nos han instado a avanzar en el desarrollo de nuestra propia propuesta para enfrentar el proceso de inserción profesional.
Hemos compartido experiencias con los países vecinos, estudiado, escrito, leído y discutido
sobre el tema.
Hemos conocido a los mentores y participado del proceso de formación.
Acompañar el desarrollo de esta iniciativa nos hace convencernos que vamos en el camino adecuado.
Hemos visto cómo se han preparado los mentores, hemos percibido su dedicación, esfuerzo y particularmente el cambio que han experimentado.
Hemos visto profesionales que en su proceso de formación han reflexionado sobre el ejercicio docente y sus implicancias, y se han reencantado con su trabajo. Son, en general, profesores experimentados, inquietos, innovadores, que han estado permanentemente perfeccionándose pero que, puestos en esta nueva perspectiva, han encontrado un nuevo significado a su profesión.
Y también hemos conocido a los noveles, sus historias, algunas de ellas bastante duras y difíciles, con algunos a punto de desertar, que incluso han cuestionado su decisión de haber optado por la pedagogía, y que estaban decididos a buscar otros rumbos.
Y hemos visto su cambio después de la intervención de los mentores y los hemos escuchado sobre cómo encontraron respuestas a sus conflictos, su satisfacción al darse cuenta que no se habían equivocado, que son y van a seguirlo siendo profesores y además hemos sido testigos de cómo proyectan su vida profesional.
La mentoría es una posibilidad de crecimiento profesional para los mentores y los noveles, y una oportunidad de desarrollo para la profesión docente, en la medida que se instale como una práctica necesaria y en la cual también la comunidad educativa tenga participación.
Todas las experiencias que hemos vivido en estos años no han hecho nada más que corroborar
nuestras hipótesis.
En lo personal, estoy convencida que un buen período de acompañamiento en la inserción laboral puede marcar la diferencia para la futura trayectoria profesional. Puede hacer quelos nuevos profesores logren con mayor rapidez dejar de ser principiantes inexpertos, que no perdamos a aquellos docentes que tienen condiciones, pero que solos no logran insertarse con seguridad y, que frente a otras posibilidades laborales, desertan.
Pero lo que creo más importante, es que los profesores jóvenes logren construir su propia y particular identidad profesional, que se proyecten en una carrera larga en la que nunca dejen de encantarse con lo que hacen y que no se dejen atrapar por prácticas rutinizadas y sin expectativas.
En cada etapa del trabajo que hemos realizado, siempre tengo presente esos primeros días de profesora, nunca quise abandonar, pero tuve muchos momentos en los que creí que no lo lograría. Tuve suerte, mi colega Adriana me dio apoyo y guía. Ella lo hizo bien, pero, ciertamente, pudo haber sido mejor.

Ingrid Boerr Romero
Profesora de Educación General Básica
Coordinadora Instituto de Desarrollo e Innovación Educativa

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